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Jaleo,
te invito a pisar los charcos
desde mi hotel hasta tu barrio.
Te invito a cantar canciones
toda la noche hasta desgastarnos los labios.
Disculpas,
no van a servirte de nada.
Me quema la sangre, me pueden las ganas.
Te invito a estrenar la luz
que entre mañana por la mañana por la ventana.
Te invito a que cambiemos de planeta
y a dormir en las aceras.
Te llevaré donde la luna siempre está llena
de cosas buenas.
Jaleo,
no te vayas por las ramas,
que, al final, te caes al suelo.
Que hoy traigo: todo el arte,
toda la noche y toda la magia entre mis dedos.
No creas a falsos profetas
que dicen que después hay otra vida,
y apura estos latidos como si fuese
nuestro último día, con alegría.
Te llevaré a paraísos artificiales
donde nada es verdad.
La realidad es demasiado aburrida
y ya comienza a marchitar tus días.
Reinosa - Enero 2007
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